Ante todo estaba la censura o que te pudieran encarcelar por escribir o publicar. Otros efectos eran más cómicos y se referían sobre todo a cortes de censura. Recuerdo una novela italiana en la que en sus primeros capítulos una pareja, que no estaba casada, iba a la cama, andare a letto, (sic) y naturalmente el censor lo tachó. Pero a lo largo de la novela otras parejas, casadas, también se iban a la cama, andare a letto (sic). El burro del censor, a base de tachaduras, consiguió que en esa novela nadie se acostase, ni para dormir. Supongo que el censor consideraba que soñar podía ser peligroso.Jaime Salinas (1925-2011), cofundador de Alianza Editorial y editor de Alfaguara, en la extensa conversación con Juan Cruz, su sucesor en Alfaguara, publicada bajo el título Jaime Salinas, El oficio de editor.
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jueves, 23 de octubre de 2014
Andare a letto
jueves, 25 de octubre de 2012
Asimov y el futuro de la lectura
No sé si alguien me lo contó o lo leí, que a Isaac Asimov le preguntaron, poco antes de su muerte, si lo ideal para conservar la memoria, lo ideal para disfrutar el contenido cultural que podemos colocar en cualquier soporte, sería una máquina que pudiera avanzar a la velocidad que nosotros deseáramos, que pudiera tener marcha atrás, reversa como dicen en América, que pudiera parar del todo, que se pudiera consultar en cualquier momento, que no ocupara demasiado espacio, y que no necesitara ningún manual de uso. Y, entonces, Asimov empezó a pensar y dijo: "Eso ya existe, es un libro".
Josep Lluís Monreal, presidente de Océano Editorial, en una de las entrevistas que forman ese extraordinario mosaico titulado Conversaciones con editores, publicado por la editorial Siruela en el año 2007.
lunes, 24 de septiembre de 2012
Pescar con escopeta
Bernhard Schlink es más conocido como escritor que como jurista. Como caras de una misma moneda, derecho y literatura se entrecruzan no sólo en su vida, sino también en su narrativa. Tal sucede en su novela El lector (Der Vorleser), que cosechó gran éxito internacional a mediados de los 90 y fue adaptada al cine hace unos años, en 2008.
En Estados Unidos la obra de Schlink la edita Pantheon Books, sello de Random House. Precisamente en estos días el escritor alemán presenta en Estados Unidos Summer Lies, traducción de su libro de cuentos de 2010 Sommerlügen.
El boletín informativo de Pantheon, fiel a su función publicitaria, incluye un fragmento de uno de los cuentos, en el que una pareja se despide en un pequeño aeropuerto. El adelanto, qué duda cabe, tiene la virtud de dejar al lector la miel en los labios. ¿Quiénes son ellos? ¿Por qué se separan? ¿Qué pasará luego?
Lo que me llamó la atención en esta ocasión fue que al final de este fragmento de poco más de 200 palabras se incluyera un aviso que advertía de la prohibición de reproducir ese minúsculo adelanto del libro de relatos sin obtener previamente y por escrito permiso del editor.
Obviamente, en un entorno digital, en el que la información y los contenidos se convierten en código binario, en unos y ceros, todo es por defecto copiable y reproducible. Se quiera o no, esto forma parte de la naturaleza de Internet, que fue creada precisamente para facilitar la comunicación y la diseminación de la información, incluida (excepto en dominios cerrados) su copia.
De hecho, la popularización de la red y la consecuente multiplicación exponencial de la información circulante provocaron que lograr la atención del potencial consumidor se convirtiera más que nunca en una necesidad y un reto. En este sentido, la economia de la atención propugna que el objetivo primordial de cualquier agente presente en la red ha de ser que su cmensaje se propague lo máximo posible para así aumentar las posibilidades de que llegue a los particulares y produzca el efecto deseado.
Paradójicamente, lo que pretende Pantheon con su aviso es lo contrario: restringir la potencial diseminación de ese gancho que es el adelanto. Con ello, la editorial se priva de la inestimable ayuda de los internautas y consecuentemente se obliga a redoblar sus esfuerzos por publicitar la aparición del libro por otros cauces y canales.
Cabría por otro lado, y en términos estrictamente legales, preguntarse dónde queda el derecho de cita de los usuarios de Internet (la doctrina del fair use, en el caso estadounidense) si, como puede y suele suceder, uno usa el fragmento del cuento sin que medie afán de lucro. Schlink, como buen jurista que es, seguro que ha leído a Lawrence Lessig cuando se refiere a la absolutización de los derechos de autor, esto es, al intento de eliminar sus límites legales. Me encantaría saber qué opina.
En Estados Unidos la obra de Schlink la edita Pantheon Books, sello de Random House. Precisamente en estos días el escritor alemán presenta en Estados Unidos Summer Lies, traducción de su libro de cuentos de 2010 Sommerlügen.
El boletín informativo de Pantheon, fiel a su función publicitaria, incluye un fragmento de uno de los cuentos, en el que una pareja se despide en un pequeño aeropuerto. El adelanto, qué duda cabe, tiene la virtud de dejar al lector la miel en los labios. ¿Quiénes son ellos? ¿Por qué se separan? ¿Qué pasará luego?
Lo que me llamó la atención en esta ocasión fue que al final de este fragmento de poco más de 200 palabras se incluyera un aviso que advertía de la prohibición de reproducir ese minúsculo adelanto del libro de relatos sin obtener previamente y por escrito permiso del editor.
Obviamente, en un entorno digital, en el que la información y los contenidos se convierten en código binario, en unos y ceros, todo es por defecto copiable y reproducible. Se quiera o no, esto forma parte de la naturaleza de Internet, que fue creada precisamente para facilitar la comunicación y la diseminación de la información, incluida (excepto en dominios cerrados) su copia.
De hecho, la popularización de la red y la consecuente multiplicación exponencial de la información circulante provocaron que lograr la atención del potencial consumidor se convirtiera más que nunca en una necesidad y un reto. En este sentido, la economia de la atención propugna que el objetivo primordial de cualquier agente presente en la red ha de ser que su cmensaje se propague lo máximo posible para así aumentar las posibilidades de que llegue a los particulares y produzca el efecto deseado.
Paradójicamente, lo que pretende Pantheon con su aviso es lo contrario: restringir la potencial diseminación de ese gancho que es el adelanto. Con ello, la editorial se priva de la inestimable ayuda de los internautas y consecuentemente se obliga a redoblar sus esfuerzos por publicitar la aparición del libro por otros cauces y canales.
Cabría por otro lado, y en términos estrictamente legales, preguntarse dónde queda el derecho de cita de los usuarios de Internet (la doctrina del fair use, en el caso estadounidense) si, como puede y suele suceder, uno usa el fragmento del cuento sin que medie afán de lucro. Schlink, como buen jurista que es, seguro que ha leído a Lawrence Lessig cuando se refiere a la absolutización de los derechos de autor, esto es, al intento de eliminar sus límites legales. Me encantaría saber qué opina.
sábado, 22 de septiembre de 2012
Me gusta(ría elegir qué) leer
Siempre que se
piensa en el boom se cita al menos a cuatro escritores: Gabriel García Márquez,
Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes y Julio Cortázar. Hay quienes añaden además a
José Donoso y recuerdan a Jorge Luis Borges como antecedente y pionero, como gran escritor cuya literatura
transcendía lo nacional. Todos ellos (tal vez con la excepción de Donoso) conjugan
una escritura brillante con un favor del público (léase: unas ventas) nada
despreciables.
En consecuencia,
el sueño de cualquier editor sería tenerlos a todos en su catálogo. Por
que, al fin y al cabo, y recordando las palabras de Segismundo, ¿qué es
la vida sino una ilusión, una sombra, una ficción?
Pues bien, podría resultar que esto no fuera un sueño. Corre
el rumor (y la
fuente es muy fiable) de que Santillana, la rama editorial del Grupo Prisa,
está en venta y que Random House Mondadori, esto es, la rama editorial del Grupo
Bertelsmann, quiere comprarla.
Random House, que se publicita con el lema "me gusta leer", ya publica en todos los países de lengua
hispana a Borges. Compró
sus derechos hace dos años en la Feria de Frankfurt, por una cifra superior
al millón de Euros. Bolaño está en su catálogo en español en Estados Unidos,
como lo está García Márquez, de quien también tiene los derechos para España y el Cono Sur. Por su
parte, Alfaguara, la editorial literaria de Santillana, tiene en su catálogo las obras completas de
Vargas Llosa y gran parte de las de Fuentes y Cortázar.
La compra de Alfaguara significaría la reunión en un solo
catálogo editorial de los cuatro nombres del boom, pero no sólo eso. La nueva Random House publicaría a Javier
Marías, Jorge Volpi, Javier Cercas, Julia Álvarez, Bernardo Atxaga, Juan
Gabriel Vásquez, Rosa Montero, Ángeles Mastretta, Belén Gopegui, Santiago
Roncagliolo, Dulce Chacón, Laura Restrepo, Arturo Pérez-Reverte, Mario
Benedetti, Marina Mayoral, Fernando Vallejo, Ray Loriga, Edmundo Paz Soldán, Elvira
Lindo, Marcela Serrano, Manuel Rivas, Juan Villoro, Andrés Neuman, Rodrigo Rey Rosa, Jordi Soler, Elena Poniatowska, José María Merino, Juan Carlos Onetti, Agustín Fernández Mallo, Álberto Fuguet, Mercedes Abad, Claudia Piñeiro, Mayra
Montero, Héctor Abad Faciolince, Santiago Gamboa o Isabel
Allende, entre otros muchos. A estos habría que añadirle los escritores en
lengua no castellana, pero prefiero no abrumar con tanto nombre.
Tras la compra de Tusquets por Planeta el pasado mes de marzo parece que la crisis en España está conduciendo a
la concentración de la concentración, a la concentración al cuadrado. Sin
embargo, no se trata sólo de un fenómeno que afecte a España o al sector editorial.
Las fusiones y adquisiciones se suceden también en la industria discográfica. ¿Condicionará
la Comisión Europea la compra de Santillana a que Random se deshaga de parte su
catálogo, como ha sucedido con la compra
de EMI por Universal?
Por desgracia, la concentración de medios va más allá de la
literatura. Con la puesta en venta del negocio editorial de Prisa cambiará de dueño Taurus, una
de las más importantes editoriales en lengua española dedicada al ensayo y al
pensamiento, así como la todopoderosa
Santillana, el corazón y pulmón del grupo editorial, los libros de texto que utilizan millones
de estudiantes en la Península Ibérica y América Latina.
Produce un poco de miedo pensar que lo que leamos desde
pequeños, que las novelas y ensayos que leamos más tarde, sea producto de la
decisión de cada vez menos personas.
jueves, 12 de abril de 2012
Títulos que venden
Siguieron en esta vena un rato, pero Varamo se había distraído, y al fin los interrumpió: "Se me ocurre una cosa: el título podría hacerse más atractivo si fuera Cómo embalsamar animales pequeños mutantes". Los editores quedaron con la boca abierta. Estaban pensando: Este es de los nuestros. Ya daban por hecho el libro, y la edición. El mismo Varamo, arrastrado por el entusiasmo que había despertado, no encontraba tan imposible la faena, en la que vio de pronto una sorpresiva solución para sus aprietos financieros.
Fragmento de Varamo (2002), de César Aira. Varamo narra la disparatada relación entre dos billetes falsos y la creación de un poema clave de la poesía panameña: "El canto del niño virgen". Deliciosamente escrito, deja la amarga sensación al lector de que Aira no sabía muy bien cómo terminar el relato. A decir de muchos, esto es frecuente en este profílico autor, cuyo caudal imaginativo no parece conocer límites, pero cuya técnica escritural, basada en la improvisación, en lo que él denomina "la fuga hacia delante", en ocasiones le traiciona.
domingo, 4 de marzo de 2012
La necesidad de aprender
Sospecho que un buen maestro es aquel que está siempre con las orejas bien abiertas, pendiente de lo que sucede a su alrededor, de lo que dicen sus alumnos. Un buen maestro siempre aprende de sus estudiantes. Se dice además que quien enseña envejece mejor, ya que está siempre rodeado de gente más joven que uno. Es probable que sea una gran verdad.
La anécdota es la siguiente: una de las estudiantes de un profesor de lenguas, acaso la más brillante, cansada uno de los días de clase, le sugiere a su maestro que lean su libro favorito. El libro está escrito en inglés, pero podríamos leerlo en español, afirma ella. ¿Pero tú lo has comprado en español?, pregunta el incauto profesor. No, pero podemos encontrarlo en Internet. Treinta segundos bastaron para que comenzaran a leerlo.
¿Cuánto pagaron? Nada. Maestro y estudiante buscaron la versión electrónica del libro en español en Amazon.es, y no existía. El libro en cuestión estaba publicado por una modesta editorial española que difícilmente distribuirá a una librería de Texas, de Montevideo, de Quito o de Tampico. A todos esos lugares, sin embargo, sí llega Internet.
Por contra a lo que seguramente han pensado, lo que la estudiante bajó a su ordenador no era una copia de la traducción publicada por la editorial española. Era otra. Un grupo de jóvenes entusiastas se habían organizado para traducir las más de 500 páginas que tiene la edición original de la novela. Unos tradujeron, otros revisaron y corrigieron las traducciones y otros maquetaron el texto como si de un libro de verdad (¿acaso no lo era?) se tratara.
¿Por cuánto lo vendían? Por nada. Todo ese trabajo lo hicieron por amor al arte, por amor a la novela: just for fun, just by fans.
La anécdota me recordó dos cosas: por una parte, lo que suele repetir Henry Jenkins tomando Harry Potter como paradigma: que las editoriales y la industria del entretenimiento no han de temer a los jóvenes que saben usar Internet, sino considerarlos sus aliados.
Por otra, lo que el músico Luis Delgado nos dijo a finales de los 80 a un grupo de enamorados de la música electrónica: que las compañías discográficas iban a instalar en las tiendas de discos máquinas en las que podrías seleccionar las canciones y la portada que más te gustaran y así hacer tu propio CD. Claramente el propósito era acabar con la lacra de las cassettes caseras hechas de jirones de canciones escuchadas en la radio. El tiempo pasó y las máquinas nunca llegaron. Posiblemente seguía siendo más lucrativo el modelo del LP, del disco de larga duración, de la compra obligatoria de media docena de canciones aunque sólo te gustasen un par de ellas. La respuesta de los consumidores, una década después, fue Napster.
Acaso las industrias culturales sean como los maestros: para envejecer bien han de tener las orejas bien abiertas, han de preocuparse de lo que sucede a su alrededor y, en definiva, han de saber aprender.
jueves, 23 de febrero de 2012
Colaboradores evasivos
Las contingencias fueron enormes, y cada volumen se aplazó un promedio de un año como consecuencia de la falta de un capítulo o dos. Había colaboradores muy evasivos: recuerdo uno que, cuando le llamaba, me decía: "mira, lo he acabado y lo estoy impriendo, te pongo la impresora al teléfono para que la escuches", y hacía una especie de ruido... Luego pasaban semanas y meses, y éste de la impresora tardó un año en entregar.
Fernando Vallespín, Catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid y director de la monumental Historia de la Teoría Política, obra en seis tomos publicada por Alianza Editorial en la década de los 90. Sergio Vila-Sanjuán recoge la anécdota en otro libro fundamental, Pasando página, que editó Destino en 2003.
martes, 8 de noviembre de 2011
El cementerio de los libros
Pero no me refiero al de los olvidados. Todo lo contrario: hablo del de los libros recuperados, exhumados.
No seré yo quien niegue valor a las obras póstumas. Hay escritores que por circunstancias de la vida no pueden o no quieren publicar textos que a la larga se tornan fundamentales. Acudiré al ejemplo clásico: de no mediar la traición de Max Brod, lo mejor de Kafka hubiera quedado inédito. Resultaría largo y un esfuerzo vano intentar responder aquí si se ha de respetar o no la voluntad del artista que no desea que parte de su obra, por no creerla finalizada o suficientemente buena, salga a la luz. No van por ahí los tiros.
No seré yo quien niegue valor a las obras póstumas. Hay escritores que por circunstancias de la vida no pueden o no quieren publicar textos que a la larga se tornan fundamentales. Acudiré al ejemplo clásico: de no mediar la traición de Max Brod, lo mejor de Kafka hubiera quedado inédito. Resultaría largo y un esfuerzo vano intentar responder aquí si se ha de respetar o no la voluntad del artista que no desea que parte de su obra, por no creerla finalizada o suficientemente buena, salga a la luz. No van por ahí los tiros.
Está bien que se publiquen obras póstumas. Aunque a veces no aporten demasiado, son piezas de un puzzle. Los humanos somos así: nos gusta completar los rompecabezas, somos coleccionistas.
Por otro lado, la literatura es un territorio que comparten sin demasiados altercados vivos y muertos. Un vecindario con cementerio suele ser bastante tranquilo, y en el mundo literario abunda tanto la sangre nueva y el elogio a la juventud (hay que escuchar a Emilio Lledó para darse cuenta de la impostura que ello esconde), que siempre hay escritores a los que descubrir. La novedad rige el mercado, y la juventud es sinónimo de novedad.
Una obra póstuma es por definición la última de un autor. El problema surge cuando este legado se administra con cuentagotas, y lo publicado se convierte en lo penúltimo o lo antepenúltimo. Lo último ya no es tal: lo último es entonces "lo nuevo".
viernes, 4 de noviembre de 2011
Ediciones explosivas
Recuerdo que en una reunión, Carlos [Barral] propuso editar en la colección de poesía [de la Editorial Labor] un libro de Rubén Darío y el delegado de Explosivos Río Tinto [que había comprado la editorial] preguntó si vendría Rubén Darío a Barcelona. Con anécdotas como ésta, Carlos ya veía que la cosa no podía durar.
Monserrat Sabater, colaboradora de Carlos Barral desde 1960 hasta mediados de los 70, en Tiempo de editores. Historia de la edición en España, 1939-1975, de Xavier Moret.
PD: La cosa no duró.
martes, 1 de noviembre de 2011
Seis traductores
En una reciente visita a Austin, el escritor español Vicente Molina Foix nos contó que Stanley Kubrick seleccionaba personalmente a los traductores y a los dobladores de sus películas en todo el mundo. Molina Foix lo sabía de buena tinta, puesto que él fue uno a los que Kubrick eligió para traducir sus largometrajes. A algunos el perfeccionismo de Kubrick les resultará exagerado, una manía de genio, una excentricidad. Seguramente lo es. Aunque sea una práctica totalmente legal, cada vez resulta más difícil que un creador mantenga a su obra de arte sometida a tan férreo control.
Me acordé de Molina Foix y de Kubrick al enterarme de que la versión en alemán del libro de entrevistas del fallecido Steve Jobs tiene seis traductores. Sólo así ha podido ser editado a tiempo. Pensé entonces que lo que Kubrick pedía no era sino que su propia voz y la de sus actores no variaran en extremo al ser dobladas, de tal manera que lo que pretendían transmitir las palabras del guión y las actuaciones de los actores se mantuviera íntegro al pasar de idioma al otro. O dicho de manera más gráfica: que la imagen y el sonido, esencia del cine, se respetaran; que palabras, voz e interpretación se acoplaran armoniosamente.
En el fondo, Kubrick lo que estaba reclamando con su actitud es que se reconociera la importancia de la traducción, eso que Umberto Eco define tan acerdamente en uno de sus libros como "decir casi lo mismo". Se puede decir casi lo mismo de muchas maneras, pero hay algunas más ajustadas al original que otras.
Que seis voces se propongan interpretar un solo parece una broma. La voz humana tiene algunas limitaciones, y una de ellas es que es un intrumento musical monofónico. Seis voces harmónicas no dejan de ser una polifonía. ¿Se imaginan un libro de Nabokov o Kafka traducido por seis personas distintas, una por capítulo? ¿No les ha ocurrido leer a un escritor en traducción y sentir que su voz no era "su" voz, la de otros libros, y luego darse cuenta de que el traductor era otro?
Hay quien dice que el mundo sin Steve Jobs no sería el mismo, que su inteligencia, ingenio e intuición difícilmente serán igualables. Tal vez sólo por eso sus palabras merecerían ser tratadas con más cuidado.
sábado, 29 de octubre de 2011
Las muchachas decentes
Teníamos a Gabriel Arias-Salgado, el que fue Ministro de Información en los años cincuenta, que decía que una novela sólo podía publicarse si un marido la podía leer a su mujer en privado y sin sonrojarse. Este mismo personaje le prohibió a José Janés, un gran editor de la postguerra, un libro porque la muchacha por la mañana se levantaba, abría la ventana y decía: «Qué buen día hace». Y se la devolvió diciendo que lo primero que tiene que hacer una muchacha al levantarse es rezar. Es obvio que con estos criterios no resultaba nada fácil ser editor.
Xavier Moret, escritor y periodista, en Un viaje de ida y vuelta. La edición española e iberoamericana (1936-1975), publicado en 2006 por Siruela, en Madrid. Fondo de Cultura Económica en Argentina lo editó un año después: por lo visto, el libro también resultó ser de ida y vuelta.
martes, 18 de octubre de 2011
El oráculo de Delfos
Pregunta: Otro de los fenómenos editoriales recientes ha sido la compra de Siglo XXI por Akal. ¿Cree que ése puede convertirse en un modelo, que puede haber más compras o más fusiones entre editoriales independientes?Respuesta: Bueno, es posible. Todo es posible en este momento.
Entrevista a Jorge Herralde, editor de Anagrama, en julio de 2010. Seis meses después se anunciaría la compra gradual de su editorial, Anagrama, por Feltrinelli, es decir, de una independiente por otra.
viernes, 14 de octubre de 2011
Fahrenheit 451
Espero que a usted no le gusten los cómics ni viva en uno de esos lugares en los que Barnes & Noble y la difunta Borders lograron exterminar a las pequeñas librerías.
Lo digo porque B&N ha anunciado que no venderá una centena de cómics de DC. Los van a retirar de expositores y estanterías. Como en Fahrenheit 451, los libros van a desaparecer, aunque sólo durante cuatro semanas.
El conflicto surgió tras conocerse que la esperada versión electrónica, a todo color, de las novelas gráficas de DC estaría disponible durante los próximos cuatro meses sólo en formato Kindle. Eso excluye a Nook Color, el lector de libros electrónicos de B&N.
Dudo que a DC le interese que B&N deje de vender sus novelas gráficas, y menos aún que sus cómics digitales sólo puedan ser leídos en un dispositivo. DC quiere todo lo contrario: que sus cómics se puedan encontrar en cualquier librería y leer en cualquier aparato, no sólo en el flamante Kindle Fire. Por tanto, cabe pensar que la exclusiva no la ofreció DC, sino que fue forzada por Amazon.
Al parecer, lo de retirar libros se está poniendo de moda. En enero de 2010, el grupo Macmillan quiso que el precio de descargar cualquiera de sus libros electrónicos en un iPad o en un Kindle fuera el mismo. La respuesta de Amazon, aunque infructuosa, fue inmediata: dejó de vender los libros (físicos y electrónicos) de Macmillan.
A mí, que soy víctima del franquismo sociológico, la retirada de un libro me recuerda siempre a su secuestro, es decir, a su censura. Quizá por eso me extrañe que quienes dicen tener como compromiso el poner siempre a disposición de sus clientes el libro que necesiten, lo hagan desaparecer como táctica comercial.
martes, 11 de octubre de 2011
Quevedo, Jobs y el campo editorial
No ha pasado ni una semana de la muerte del alma mater de Apple, y ya se anuncia, a ambas orillas, la publicación de su biografía autorizada. La obra, escrita por Walter Isaacson, aparecerá en menos de dos semanas.
Inicialmente, su salida estaba prevista para 2012. Luego, en una batalla contra el tiempo que recuerda a la del malogrado Jobs contra el cancer, adelantaron la fecha de publicación al 21 de noviembre, y luego, ya fallecido el biografiado, a finales de octubre.
Barnes & Noble y Casa del Libro ofician de voceros. Simon & Schuster la edita en inglés. Bertelsmann, en alemán. Debate (esto es, Bertelsmann), en español y catalán. Mondadori (Bertelsmann de nuevo), en italiano. Eso es lo bueno de tener editoriales en casi todo el mundo: uno se garantiza los derechos en múltiples lenguas de obras como ésta.
Es sabido que muchos periódicos tienen listas ya determinadas necrológicas y los artículos elegíacos que las acompañan, a falta sólo de añadir la fecha de fallecimiento del personaje en cuestión. A la finalidad informativa tradicional se le añade ahora la de cumplir con las exigencias que impone la información en tiempo real. La inmediatez es la esencia del periodismo. Nada que objetar.
La conversación libresca con los difuntos no es cosa nueva. Ya escribía Quevedo aquello de que "con pocos, pero doctos libros" escuchaba con sus ojos a los muertos. Por su parte, las editoriales siempre han tenido algo de casas fúnebres. Lo que me deja perplejo es que a los muertos, con tal de vender libros, los dejemos descansar en paz cada vez menos tiempo.
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